La compré cuando tenía 8 meses a uno que ni la conocía y era un casero el que atendía sus animales. A ella la tenía maniatada (“maniada”, decimos por aquí) porque se escapaba de la finca para el monte. Un vecino que me acompañaba y yo vimos que era un belleza y, mirando al suelo y viendo el pasto que no había, una superviviente nata. Sorprendentemente ni se la veía triste no acobardada y estaba en mejor condición que todas las otras. “tiene cara de chiste”, dijo mi vecino. Podíamos elegir, al dueño le daba igual, no lo dudamos: ¡esta!
Tratamos de cogerla entre unos manzanos, ¡imposible!, galopaba perfectamente y huía del casero como de la peste. La metimos en una cuadra que tenía compartimentos, al parecer para ovejas, hechos con vallas enlazadas de 1,20 m. ¡nada! Saltaba maniada de compartimento en compartimento. La pasamos a otra cuadra lisa y dejamos fuera al casero. Con un poco de paciencia la cogimos sin dificultad. Inmediatamente le quité las manías, se alegró tanto que creo que nunca se le olvida ese momento.
Discrepamos algunas veces. Odia cualquier encierro, no importa lo grande de la finca. Si la cojo para que la sigan y meterlos en un prado trata de convencerme de que es un error. Si pudiera me diría: “Eres un tozudo y no tienes ni idea, estamos mejor en el monte, hay menos comida pero es más variada y nutritiva" Creo que me sigue porque se acuerda de las manías.
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© 2012 Creado por Jorge Irazola.
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