Mundo Ecuestre

Uniendo a los amantes del caballo y la equitación.

Una mala alimentación puede conducir a graves trastornos y comportamientos poco deseables. No siempre es fácil detectar los síntomas. Por ejemplo, los caballos suelen roer la madera de vez en cuando, pero cuando este comportamiento se convierte en hábito es cuando se debe vigilar. Además de los daños materiales evidentes, el caballo puede estropearse los dientes o herirse con una astilla. En muchos casos, esta actitud es fruto del aburrimiento y se suprime al proponer al animal algo en que hincar el diente.

Asimismo, la coprofagia (el hecho de comer las heces) indica insuficiencia en minerales y nutrientes, aunque esta fea costumbre se ha observado también en caballos salvajes. Por último cabe recordar que, debido a su modo de alimentación en la naturaleza, un caballo tiene tendencia a engullir todo lo que se le ofrece. Es por ello esencial mantener las provisiones fuera del alcance del animal.

Por otra parte, el hecho de ser herbívoro no impide que el caballo se adapte también a otros alimentos, como grano, pan, azúcar, galletas para caballos y otras golosinas que se utilizan como recompensa o complemento.

Como animal goloso que es, este tipo de chucherías le hará reaccionar durante el adiestramiento o cuando se le va a buscar al prado. Pero la otra cara de la moneda es que, en exceso, las golosinas pueden perjudicar la salud o fomentar malos hábitos.

Al igual que un niño consentido, el caballo puede acostumbrarse a reclamar imperativamente lo que no es más que un premio y hurgar en los bolsillos, empujar o morder a quien se le acerque. Por tanto, no conviene abusar de las golosinas, siendo a veces una simple caricia una auténtica recompensa.

Alguno de los hábitos que conviene seguir en la alimentación, es conocer que el caballo debe ceñirse a una rutina, y tener en cuenta que éste adopta con rapidez ciertas costumbres, buenas o malas.

En la naturaleza su existencia depende del resto del grupo y las diversas actividades cotidianas se repiten a las mismas horas y sólo varían en función de la estación.

Por ejemplo, en verano el grupo se desplaza en las horas más frescas, descansa de noche y en las horas de más calor y llega al abrevadero cada día al atardecer. El caballo doméstico necesita referencias, más aún cuanto que no dispone siempre de un grupo con el que compartir sus actividades. Aunque tenga siempre forraje, las dos o tres comidas diarias que recibe deben llegar siempre a la misma hora para no perturbarle. Su estómago aprende a esperar la ración de concentrados a ciertas horas y cualquier cambio puede provocar malestar.

Cualquier evolución en el modo de alimentación debe ser progresiva para que el animal tenga tiempo de adaptarse física y mentalmente.

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